¿Qué es el H.pylori y cómo se contagia?
El Helicobacter Pylori (en adelante H.pylori) es una bacteria gram-negativa que habita en el epitelio gástrico humano. Se trata de una de las infecciones bacterianas más comunes en todo el mundo y se estima que al menos el 50% de la población en países desarrollados está infectada, mientras que en países subdesarrollados esta cifra puede alcanzar el 80%. Esta bacteria es especialmente resistente al ácido gástrico gracias a la producción de ureasa, una encima que le permite vivir largos períodos de tiempo en el revestimiento del estómago.
Suele contagiarse especialmente durante la infancia, aunque en muchas ocasiones dicho contagio pasa desapercibido por cursar de forma asintomática. Normalmente ocurre por contacto directo con fluidos o deposiciones de las personas infectadas, así como por alimentos o aguas contaminadas, vía que tiende a ser relativamente frecuente en países subdesarrollados.
¿Qué síntomas produce?
El contagio por H.pylori puede cursar sin síntomas y permanecer inactivo durante toda la vida. No obstante, los síntomas más comunes en aquellos casos que sí generan clínica pueden ser:
Dolor y distensión abdominal
Sensación de saciedad precoz, de una a tres horas después de las comidas
Falta de apetito
Pérdida de peso involuntaria
Eructos, náuseas y vómitos
Sensación de ardor estomacal
Anemia ferropénica o déficit de vitamina B12
Heces alquitranadas, oscuras o con sangre, en caso de existir úlceras
Además, debido a complicaciones de la infección, como un exceso de ácido gástrico que inflame la mucosa gástrica, se pueden llegar a desarrollar complicaciones como gastritis crónica, úlcera péptica o gastroduodenal e incluso, aunque de forma menos probable, patologías graves como el linfoma de tejido linfoide o adenocarcinoma gástrico asociado a la mucosa.
¿Cómo se diagnostica la infección por H.pylori?
Si se padece alguno de los síntomas descritos, es recomendable que acuda a su médico. También será necesario que indique qué medicamentos está tomando, puesto que es posible que deba suspender alguno un tiempo antes de las pruebas para no alterar los resultados, como por ejemplo antibióticos o inhibidores de la bomba de protones.
Existen diversas formas de diagnosticar una infección por H.pylori. Las menos invasivas para el paciente incluyen:
Prueba del aliento: Se pide al paciente que ingiera una sustancia que contiene urea; en caso de existir infección por H.pylori, esta descompondrá la urea en amoniaco y dióxido de carbono. Tras un breve período de tiempo, el facultativo le pedirá que exhale dentro de una bolsa o dispositivo especial, capaz de medir los niveles de dióxido de carbono. En caso de que hayan aumentado, el resultado del test será positivo. Suele utilizarse tanto para detectar la presencia de la bacteria como su erradicación tras el tratamiento.
Test de heces: Consiste en analizar las heces del paciente para detectar la bacteria. En OPERON disponemos de los test rápidos Simple/Stick H.pyl y Simple H.pyl-Tf, capaces de detectar antígenos en la materia fecal en tres simples pasos y arrojando resultados fiables en solo 5-15 minutos, lo que resulta ideal para las consultas de atención primaria. Adicionalmente, el Simple H.pyl-Tf permite detectar la presencia de transferrina, una proteína muy estable para detectar, en caso de úlcera, el posible sangrado en el tracto intestinal superior, ya que no se degrada a su paso por el intestino. Suele utilizarse tanto para detectar la presencia de la bacteria como su erradicación tras el tratamiento.


Otras pruebas más invasivas serían la analítica de sangre para medir los anticuerpos contra la bacteria y la biopsia mediante endoscopia digestiva alta, aunque en el caso de la primera no serviría para diferenciar entre una infección activa y una pasada.
¿Qué tratamientos existen actualmente?
El facultativo determinará aquellos casos en los que es necesario aplicar tratamiento. Por lo general, este consiste en ingerir durante 10 o 14 días una combinación de antibióticos sumada a medicación que disminuya la acidez del estómago, de forma que estos puedan ser más efectivos. Aunque en algunas ocasiones la bacteria puede mostrar resistencia y requerir varios ciclos de tratamiento, la erradicación de la misma suele ser exitosa o, al menos, aliviar los síntomas y las posibles complicaciones derivadas de ella.
¿Cómo se puede prevenir el contagio por H.pylori?
Principalmente, manteniendo unas buenas medidas de higiene y evitar la exposición a fuentes potenciales de contagio. Esto implica:
Frecuente lavado de manos con agua y jabón, especialmente antes de las comidas, después de ir al baño y tras manipular alimentos crudos.
Consumir agua potable segura , bien tratada y libre de contaminantes. Esta es una de las principales vías de contagio de H.pylori en zonas poco desarrolladas.
Evitar consumir alimentos mal cocidos o no lavados.
Higiene en entornos comunitarios como guarderías, residencias, hospitales, colegios, restaurantes…
Evitar compartir utensilios y efectos personales como cepillos de dientes, cubiertos, vasos…, ya que la bacteria puede transmitirse a través de la saliva.







